Donde residen las almas

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Era un día con sabor agridulce, la alegría venia de la mano de su onomástica y la pena en la otra mano por su jubilación, había sido maestra en ese pequeño pueblo desde que la memoria le alcanzaba y no se imaginaba su vida sin ver a sus niños día tras día, pero había llegado el momento y ella no lo iba a estropear con lloros ni tristezas, se había propuesto disfrutar de él y de todos sus momentos junto a sus compañeros y alumnos.

En el pasillo del colegio no observó nada extraño, todos le deseaban buenos días a lo que ella les contestaba con una sonrisa e inclinación de cabeza, hacía ya mucho que decidió no darle a cada uno de ellos los buenos días de palabra, era agotador, así que sonreía e incluso a algún que otro alumno le acariciaba la cabeza como muestra de afecto.

Ese día no fue distinto, hasta que llegó a su clase, donde todo estaba oscuro y no veía a nadie dentro, pensó que como había llovido el día antes, la señora María había cerrado las persianas para que no se ensuciaran los cristales. Entró en la clase directa hacia la ventana aprovechando la poca luz que entraba desde el pasillo, entonces se subieron de golpe ellas solas e iluminaron el aula, tardó unos segundos en comprender lo ocurrido.

Sobre la mesa había una gran cesta de mimbre con algún que otro adorno floral y sola, en medio de esa gran cesta, una preciosa rosa roja, pero sus alumnos portaban en ambas manos las rosas que le faltaban hasta llegar a la 65, fueron pasando uno a uno depositando sus rosas y dándole un cariñoso abrazo.

Cuando se hubieron sentado en sus pupitres, ella los miró con tanto amor que ninguno pudo evitar las lágrimas.

-No sé qué decir, me he quedado sin palabras y como no quiero seguir llorando os voy a contar una historia que me gusta mucho, alguien me la contó una vez y creo que es mi mejor regalo.

"Había una vez una pequeña pluma que iba vagando por el aire, se mecía a su antojo, pero nunca tocaba el suelo, nadie la veía, pero ahí estaba, volando y volando, viendo a las personas pasar apresuradas con sus vidas o absortas en sus pensamientos.

Un día, una adolescente que pasaba por allí se sintió indispuesta y se sentó en un banco, cerró los ojos para ver si así se le pasaba el malestar, entonces la vio, una pluma blanca, más que blanca, inmaculada, era pequeña y no dejaba de mecerse ante sus ojos, parecía que la estaba llamando, de pronto todo a su alrededor se oscureció, Blanca que era como se llamaba la adolescente, se asustó pensando que le estaba pasando algo malo, pero la pluma no dejaba de mecerse y parecía que le pidiese que la siguiera, Blanca se levantó aun sabiendo que no veía nada, todo era oscuridad a su alrededor, anduvo unos pasos y a lo lejos vio una pequeña luz, la pluma volaba despacio en dirección hacia ella, hacia la luz.


Blanca decidió seguirla con mucha precaución y cuanto más se acercaba a la luz, más grande y poderosa era, llegó a su fin y observó que solo era una llama, solo eso, no había nada más, la pluma dejó de mecerse para posarse ante la llama, Blanca la imitó y se sentó en el suelo que no veía, pero notaba, en ese momento la llama empezó a moverse rápidamente de un lado a otro, como si hubiese una gran corriente de aire, pero ella no había notado nada.

Poco a poco fueron apareciendo pequeñas luces de colores que zigzagueaban mientras se iban acercando, Blanca las miraba atónita, ellas se acercaban cada vez más y la luz se hacía cada vez más intensa, una de esas pequeñas luces se posó en su nariz, Blanca tuvo que enfocar sus ojos para poder verla, no tenía una forma concreta, pero sí distinguió una gran sonrisa que se movía sin cesar como si le estuviera hablando. ¡No te entiendo! Le gritó Blanca, la luz hizo un gesto y voló hacia su oído, notó un pequeño cosquilleo y empezó a escuchar un gran zumbido.

-¿Nos escuchas ahora? Le dijo una luz verde que tenía ante sus ojos, Blanca no pudo articular palabra, pero le hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.

-Sabemos que no entiendes lo qué ni quiénes somos, somos vuestras almas, las almas de cada persona que habita en la tierra que todavía no nos han llamado, de vez en cuando alguna de nosotros desaparece y para nosotras es una inmensa alegría, pero somos demasiadas, hay demasiadas personas buscando la felicidad donde no la van a encontrar, se afanan por ganar más dinero, por comprarse el mejor coche, la mejor casa y las mejores ropas, pero no se dan cuenta que eso no vale para nada, solo es algo que se ve, no que se siente.

-Sí, es cierto que todos buscamos una buena posición en nuestra vida, todos aspiramos a vivir bien, yo misma estoy estudiando para ser arquitecto, aunque hace un tiempo que estoy desmotivada, sin alegría y sin ganas de nada. Me dices que ahí no encontraré la felicidad, entonces dime dónde la encuentro.

-Cuando vivas en paz contigo, cuando te aceptes y cuando no aspires a ser más sino mejor, entonces hallarás la felicidad. Las personas estáis tan ocupadas que os olvidáis de vosotras, solo queréis tener los mejores trabajos para presumir, los hijos más listos para poder alardear con vuestros amigos y muchas veces, la mayoría, no os preocupáis de lo que sienten y no los aceparais tal y como son, queréis que sean como vosotros habéis decidido y es ahí donde muchas veces radican los problemas familiares.


Blanca se quedó pensando y en ese momento solo vio humo, un humo dorado que se esfumó igual que llegó y que fue sustituido por las caras perplejas de las personas que tenía a su alrededor y que habían acudido en su ayuda, mientras veía como otras miraban y pasaban de largo.

Se levantó del banco, les dio las gracias y pensó.

Vosotros sí tenéis alma"

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2 comentarios

  1. Merche, me dejas si aliento, leerte es un empezar y querer saber el final, con ganas, pero a la vez no querer que termine. Me gusta.
    Besos.

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